Aunque la impresión que nos produce la portada de la iglesia de Santa María la Real, lo mitiga un poco, el despertar en Sangüesa es pestilente, según sus habitantes es el hedor del "oro" del pueblo.
La razón la descubrimos muy pronto, procede de la fábrica de papel que asfixia el pequeño pueblo de Rocaforte y a los peregrinos que debemos ascender hasta el.
Aúnque el hedor se respira hasta pasado el alto de Aibar, el paisaje, el camino, el sol que comienza a calentar y los pájaros mañaneros, casi nos hacen olvidarlo.
La visión de los parque eólicos, nos recordó algo que hace años nos dijo un Peregrino francés, “cuando ves en el horizonte un molino, seguro que pasas junto a el”, y hoy menos mal que no sucedió así, porque durante gran parte de la etapa nos escoltaron cientos.
Pasado el alto de Aibar, el camino se convierte en una bonita senda a través de monte bajo, pinos y robles de pequeño tamaño, tramo muy bonito y entretenido, que da paso a una pista, con ligeros tramos de preciosa senda entre arbolado, nos lleva hasta Izco.
De Izco a Abinzano y Salinas de Ibargoiti por pista, para entrar en Monreal (por fín a una hora normal 4 p.m) a través de un precioso camino por un bosque de robles y pinos, que da paso a este bonito pueblo navarro … Aquí comienza la aventura.
Pueblo señorial, de tamaño aceptable e impresionante iglesia. Sin bar, sin hotel, sin hostal, una tienda … pero cerrada y el albergue …, sin comentarios; por cierto tampoco tiene taxi, así con paciencia y uno de los pocos habitantes que encontramos, nos puso en contacto con un taxi-clandestino, que nos trajo hasta el hotel en que nos encontramos y mañana de nuevo a Monreal para bajar hasta Obanos.
En Obanos es el lugar donde se une el Camino Aragonés con el Francés y desde donde continuaremos el próximo año, si Dios quiere.
En Obanos es el lugar donde se une el Camino Aragonés con el Francés y desde donde continuaremos el próximo año, si Dios quiere.


