30 ago. 2011

Pobres y Peregrinos

Acuarela de Gonzalo Gil 
Los que ya tenemos una cierta edad recordamos cuando niños que nuestros padres y abuelos, que muchas veces tenían lo justo para vivir, jamás dejaban marchar sin nada al que se acercaba a su puerta  pidiendo limosna. Quizás porque ese es el espíritu del cristianismo o por costumbre o miedo supersticioso, no sé.
Yo recuerdo en los pueblos de mis abuelos, Miravalles y Coro, que en casa había un plato, una taza, un vaso y una cuchara para “los probes” que de vez en cuando pasaban por allí. Se les daba un plato de comida, torta, agua o sidra y posada en la “tenada” o pajar para la yerba.
 Había pobres conocidos, o profesionales, como Santiago, el casín, porque era de Casu, o Luisón, que siempre hacían el mismo recorrido y se convertían en auténticos mensajeros de lo que ocurría en otros lugares. Oviedo, Gijón, las Cuencas Mineras o el Occidente, estaban realmente lejos en aquella España sin periódicos, ni televisión ni  radio. También contaban historias, seguramente muchas inventadas, y todas las personas de la casa escuchaban a su alrededor, especialmente mi abuela Regina, que todo lo que quería saber y a quien gustaba como a nadie la conversación.


Mi padre, 84 años,  recuerda que en su casa, donde siempre después de la cena y el rosario se jugaba a las cartas, jugaban con “el probe”, al que engañaban, entre tantos niños se ponían de acuerdo para ganarle alguna perruca, porque ellos tenían algún dinero de lo que les daban los más pudientes. A veces pasaban varios días con la familia que los acogía y contribuían cortando leña o haciendo algunos trabajos; Luisón, por ejemplo, sabía hacer alpargatas y hacía un par para cada uno en el tiempo que estaba con ellos. Dice mi padre que eran gentes que habían quedado sin familia y sin trabajo y que no tenían más remedio que echarse a los caminos con un saco al hombro en el que llevaban lo que les iban dando en las casas. Y que él les tenía envidia porque tenían dinero,  no tenían que trabajar y además iban de  un lugar a otro, libres.
Infundían miedo y respeto a la vez.


Pero también existían otros pobres desconocidos que pasaban por los pueblos, ¿serían peregrinos?  Y aunque no eran tiempos para peregrinar, El Camino del Norte pasaba por San Salvador de Priesca, San Salvador de Fuentes, San Salvador de Valdedios hasta llegar a San Salvador de Oviedo.


Miravalles y Coro estaban en ese itinerario. Quién sabe. Desde luego en asturiano, en ese tiempo, pobre y peregrino venía a significar lo mismo.


2 comentarios:

  1. Mui guapa y interesante entrada Ana. Siempre deprendiendo coses con vosotros. Munches gracies:
    Toño

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  2. Gracias Toño. Tu siempre tan amable.

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