8 jul. 2010

¿Primavera, verano, otoño o invierno?


Sin ninguna duda la mejor estación para realizar, cualquiera de los trazados del Camino, es la primavera, pues al propio atractivo de la estación se suman las horas de luz y una climatología favorable. Si le queremos buscar inconvenientes es que si lo hacemos al principio de la estación, todavía podemos encontrar algo de barro en algunos caminos y al igual que en otoño e invierno apenas tendremos compañía durante la mayoría de los días, aunque para algunos esto pueda ser más bien una ventaja.
Con el verano la cosa cambia, pues si por los caminos del norte se puede transitar maravillosamente, por la meseta podemos sufrir los rigores del calor y la masificación del camino, sobremanera en las etapas comprendidas en los últimos cien kilómetros de cada recorrido. Y algo verdaderamente muy importante es que el contenido de la mochila se puede reducir a la mínima expresión.
El otoño es la estación de los rezagados, como es frecuentemente nuestro caso. Es una época francamente buena, ya que los rigores del verano quedaron atrás y también la masificación, ¡cuidado que este año el seis de noviembre nos visita el Papa!, por lo que la cosa en esas fechas puede complicarse. Conviene no dejarlo para muy avanzada la estación, pues aparte de menos horas de luz, la mochila debe de contener más cosas, puede aparecer el frío, el agua, el barro y las primeras nevadas, especialmente en las etapas de montaña.
El invierno es, indudablemente, la estación de los “caminomaniacos” y solitarios del Camino.

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