23 oct. 2010

“Pana el viejo guardián del reino del Busgosu"


Cuenta la mitología asturiana que tiempos atrás el reino del bosque era custodiado por el Busgosu: “Ser mitológico que pasea su melancolía por la selva y se aparece de vez en cuando a los que penetran en lo más enmarañado del bosque para enseñarles el camino.


Su cabeza está coronada por espesa cabellera, de la que brotan dos cuernos retorcidos, como los de una cabra; el rostro, los brazos y el torso son humanos; sus piernas son también como de cabra y terminan con pezuñas hendidas… vigila los rincones de la selva, protegiendo a los animales perseguidos por los hombres y poniendo obstáculos a al paso de éstos”.

Ludy y Roberto con "Pana" en el Mirador de Letizia

Pues bien hasta el mes de febrero del año 2018, a las puertas del bosque que se extiende desde Tineo hasta Obona, solía ser habitual toparse con Arcadio Rey López, hombre afable y de fácil conversación, que como bien ratifica su apellido heredó la custodia de esta magnífica mancha forestal. 


Al poco de dejar atrás las últimas casas de Tineo, el Peregrino entra en el antiguo reino de "Pana". Su puerta es una curiosa chabola tapizada por leyendas y consignas dominadas por la que indica que nos encontramos en el Mirador de Letizia, nombre con el que fue bautizado en honor a la princesa de España por éste afable republicano, socarrón e incansable fumador de puros, siendo el lugar en el que pasaba gran parte de su tiempo.


“Pana” llevaba con orgullo ser el heredero del "Busgosu" aconsejando y animando a todos los Peregrinos que se adentraban en su reino con dirección a Compostela, incluso a aquellos que no conocían nuestra lengua, "entiéndolos a todos… bueno menos a los checos" confesaba. 


A nada que se le daba pie te contaba alguna anécdota de su dilatada vida, desde que de pequeño lo mandaron a la escuela únicamente cuatro meses y donde lo sentaron en la última fila para no preguntarle o cuando trabajó de pinche de obra, para después ser un tintorero emigrante cuatro años en Venezuela. La expresión "pana", que en ese país es utilizada como sinónimo de amigo, le valió su apodo al regreso, cuando trabajó hasta su jubilación en la minería sector en el que desempeñó un importante papel en el movimiento obrero de la zona. 


Su espíritu luchador y solidario era genético, pues sus antepasados ya habían luchado en la guerra del 98 (de aquí lo del cartel del último de Filipinas) su abuelo en la guerra de Cuba y su padre lo hizo en la batalla del Ebro, por lo que sentarse un rato con él y compartir un trago de agua o de vino, pasó a formar parte de esos momentos inolvidables del Camino para todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo.


Desgraciadamente, desde el 23 de marzo de 2018 ya no podremos disfrutar de más momentos con “Pana”, ni tampoco pedirle que estampe en nuestra credencial el sello de El último de Filipinas, ...


... pues con poco más de 70 años cambió el Mirador de Letizia por uno mucho más elevado, desde el que a buen seguro, nos animará y acompañará durante todo el Camino Primitivo hasta Santiago. 


¡GRACIAS PANA, BUEN CAMINO!

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