12 dic. 2014

"Ángel y Mariano por Navarra"


Por fin, hace un par de días, recibimos un correo con las andanzas de mis dos habituales compañeros de Camino en otoño y que este año, lamentablemente, no fue posible repetir.


Como este año Vicente no podía venir con nosotros, en vez de continuar donde lo dejamos el año pasado, Ángel y yo decidimos hacer la parte del camino Francés que nos faltaba para enlazar con el Aragonés.


La primera duda fue si empezar en Roncesvalles o en San Jean Pied de Port. Pero como la preparación había sido escasa, nos decidimos por Roncesvalles. Con la idea de acercarnos después a San Jean a ver como se ponía la cosa, y si una vez hechos unos kilómetros, podíamos subir los Pirineos.


Solo eran tres etapas, pero prometían. Después de un pesado viaje en autobús de Pamplona a Roncesvalles, ya estábamos preparados para empezar. Visita a la colegiata, con su cripta, claustro, mausoleo, y cenar y dormir para estar listos al día siguiente.


La primer etapa desde Roncesvalles, preciosa: variada, bastante cómoda, ya que en general descendía y no muy larga. Bosques, praderas, ríos, pueblos muy cuidados, algún repecho y el primer contacto con otros peregrinos. Nos llamó especialmente la atención uno que llevaba una bolsa grande en la mano. ¡Que incomodo para hacer muchos kilómetros¡.


Al acercarnos nos dimos cuenta de que en la otra llevaba un gancho e iba recogiendo la basura que había en el camino. Alucinante. Qué pena que tenga que haber personas como él para mantener limpio el camino. Con lo fácil que sería si todos tuviésemos un poco de cuidado. Aunque la mayoría de los peregrinos se comporta, siempre hay alguno que lo tira todo en cualquier sitio. Así que desde aquí, gracias otra vez por su trabajo desinteresado.


La segunda etapa dejó otro sabor de boca. Entre la salida de Zubiri, con su industria, y sus montones de material, que hay que bordear al menos durante tres o cuatro kilómetros, y que en toda la etapa no encontramos un sitio abierto donde comer o beber algo, la sensación que nos dejó no fue del todo buena.


Aunque si es una zona muy guapa, casi siempre siguiendo el río, y con algún tramo precioso. Casi lo mejor, la llegada a Pamplona. Alojamiento, unos vinos y unos pinchos espectaculares en una ciudad guapa y bien cuidada.
La tercera etapa amaneció fría en Pamplona, hubo que tapar les oreyes (orejas), que se xelaben (helaban). El camino recorre parte del casco antiguo, bordea la Ciudadela, (donde ya había una rosada grande), sigue por unos barrios modernos y pasa por la zona universitaria, para abandonar definitivamente la ciudad.


El camino se empina hacia el alto del Perdón, aunque de forma muy llevadera. Niebla y fresco, pero muy guapo. Un cafetín en Zizur Menor para entrar en calor y seguir con más ganas.


Alguna laguna, un caserón abandonado, el encuentro con una chica húngara que hacía el camino sola. Y en Zariquiegui, al empezar el último repecho antes del alto del Perdón un bocata y una cerveza para coger fuerzas. Un poco de charla con un ciclista de Basauri … ¡y milagro¡ Mientras tanto despejó la niebla y quedó un día precioso. Así que cuando llegamos al alto, las vistas eran espectaculares.


Allí, reunión de peregrinos: junto a la escultura de chapa, obra original del artista Vicente Galbete, dos parejas de coreanos, un par de ciclistas, la chica húngara y algún paseante que venía desde Pamplona, también apareció Terio que seguía recogiendo basura, al que Ángel después de darle otra vez las gracias por el trabajo que hacía, le preguntó el nombre y de donde era.


Pero Terio todavía nos tenía reservada otra sorpresa; cuando iniciamos el descenso del Perdón, nos lo encontramos desviándonos a un lado, pues en la mitad del camino se encontraba un lagarto disfrutando del sol y no era cuestión de molestarlo.


Hasta Obanos, un poco de descenso y bastante llano. En Muruzabal, las almendras estaban por el suelo, así que llenamos el bolso de ellas y en Obanos, donde teníamos el coche, fin de la ruta, un pinchín antes de ir a San Jean Pied de Port, a ver como estaba la cosa.


Pero la cosa no estaba curiosa. Viento y agua nos decidieron a anular la subida a Roncesvalles. Aunque si cogimos información y vimos un poco como empezaba la ruta para otro posible intento. Esta año, las tres etapas nos supieron a poco. Nosotros echamos en falta la compañía de Vicente, y algunos de vosotros, seguro que los reportajes diarios que hace de las etapas. Habrá que esperar a otra ocasión.


Sentimos la baja calidad de algunas fotos, pero aunque solo sea por la cámara, en algo se tiene que notar mi ausencia.
Fotos de Ángel, texto de Mariano

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