25 mar. 2016

"Santo Domingo de la Calzada"

Lugar: Santo Domingo de la Calzada
Situación: Municipio y parroquia de Santo Domingo de la Calzada
Localización: Lat. 42º 26’ 26.98’’ N - Long. 2º 57’ 13.19’’ W
Etapa en la que se encuentra: Nájera - Santo Domingo de la Calzada - Belorado
Dista: 21,2 Kmts. desde Nájera - 22,6 Kmts. hasta Belorado
Altitud: 640 mts.
Camino: Francés
Provincia: La Rioja


"Donde cantó la gallina después de asada", esta es la frase por la que es universalmente conocida, la pequeña ciudad riojana, de Santo Domingo de la Calzada. Burgo que fundara en torno al año 1040, el que más tarde será Santo, Domingo García o de Rioja.


Pues el joven Domingo, tras haber sido rechazado en el monasterio de San Millán de la Cogolla y ser más tarde ayudante de Gregorio de Ostia, se retira como ermitaño a las orillas del río Oja, dedicándose hasta el día de su muerte el 12 de mayo de 1109, a socorrer y cuidar de los Peregrinos que dirigían sus pasos a Santiago de Compostela.


Durante este tiempo, se le otorga la construcción de varios puentes, entre los que sobresale el que salva el curso del Oja, la roturación de bosques, la construcción de un hospital y un gran albergue, el mantenimiento de la calzada entre Najera y Redecilla, así como de algunas pequeñas capillas e iglesias. A su muerte, sus seguidores mantienen vivo el pequeño núcleo de población, utilizando su nombre para el asentamiento y continuando con su ejemplar dedicación al Camino. 


De los muchos milagros que se le otorgan al Santo, recogidos en nueve tablas en el interior de la Catedral, el más popular es el que cuenta la historia de una familia alemana que se dirigía a Compostela y al pasar por Santo Domingo, se pararon en un mesón, donde una moza se sintió atraída por el hijo de la familia y se lo hizo saber, pero el joven se resistió a sus encantos. Así que dolida, la moza, escondió un vaso de plata en el zurrón del peregrino, para en cuanto éstos reanudaron el Camino, acusar al joven de haber robado el vaso. Inmediatamente los guardias de la ciudad prendieron y ahorcaron al romero. Los apenados padres siguieron el Camino hasta Santiago, pero a su regreso, descubrieron que su hijo seguía vivo en la horca, milagrosamente sostenido por Santo Domingo. 
Acudieron al juez del pueblo, que estaba a punto de comerse un pollo. Al escuchar la historia, replicó con ironía: "Es tan verdadera como que este gallo va a levantarse del plato y cantar" y así ocurrió, ante el asombro de todos.


A partir de ese momento, nace la costumbre de mantener un gallo y una gallina, en el interior de la Catedral. Antaño, el peregrino podía ver una caja de hierro que encerraba un gallo y una gallina, según se afirmaba, descendientes de las que cantaron después de asadas y cuyas "sagradas" plumas caídas, eran recogidas con gran devoción por los Peregrinos, para lucir en sus sombreros como señal de buena suerte, tradición que sigue vigente, al igual que la de escuchar el canto de las sagradas aves.

 

El gallinero, en el que se van intercambiando un gallo y una gallina blancos, se encuentra en el brazo meridional del crucero de la Catedral, frente al sepulcro del santo. Se trata de una construcción de piedra, realizada hacia el 1460 y policromada posteriormente.


La ciudad fue creciendo de este a oeste, a lo largo del camino, creándose en torno a una arteria principal, el típico burgo medieval, dividido en dos secciones: calle del Barrio Viejo o calle del Camino Francés, desde el inicio del pueblo hasta la Plaza del Santo y desde aquí hasta el final, por la calle del Barrio Nuevo o calle Real y la del Río o Mayor.


A lo largo de éstas calles, se alinean relevantes edificios de distintas épocas, entre los que sobresalen: el hoy Parador que antaño fue Hospital de Peregrinos, fundado por el Santo en el siglo XI; las Casas de Trastamara, Marqués de la Ensenada, la de las Antiguas Carnicerías o la de la Cofradía del Santo, que cuenta con museo y uno de los mejores albergues del Camino, además del recinto en el que se crían los gallos, que pasaran parte de su vida en el gallinero de la Catedral. 


Durante la travesía, de Santo Domingo de la calzada, además de los restos de la vieja muralla, también se encuentren varios conventos y ermitas, pero sin ningún lugar a dudas, el edificio más emblemático es la Catedral y su torre “exenta”.


La Catedral se comienza a construir en 1158 con planos del maestro Garcion, de cuyo proyecto solo se conserva la cabecera hasta el crucero, para en sucesivas fases a lo largo de los siglos, ir añadiendo elementos, edificios y capillas, hasta dar por finalizada la obra en el año 1765 con la inauguración de la actual fachada sur, presidida por las imágenes de San Emeterio, San Celedonio y Santo Domingo, patronos de la Diócesis.


La torre exenta es la cuarta que se levantó en la Catedral. La primera, sobre el espacio que actualmente ocupa el gallinero, se construyó a finales del siglo XII o principios del XIII y fue destruida por un rayo en 1450. La sustituyó una segunda que se terminó hacia 1560, y a mediados del XVIII amenazaba ruina. El obispo Andrés de Porras decidió la edificación de la tercera, entre 1759 y 1760, para apenas un año después ser desmontada debido a problemas estructurales. El mismo prelado acometió la construcción de la cuarta torre, para la que se buscó un emplazamiento más seguro, a unos ocho metros de la Catedral al otro lado de la calle Mayor, construyéndose con 70 m. de altura, entre los años 1762 y 1765.

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