6 ene. 2014

"Immortelle randonnée" Compostelle malgré moi


Gracias a la colaboración de, nuestra buena amiga, Ana Muñiz, “Muñi”, hoy publicamos lo más parecido a una primicia. La traducción de algunos párrafos, de ésta obra de J. C. Rufin, en los que hace referencia a lugares y personas emblemáticos de nuestra tierra y del Camino.

IMMORTELLE RANDONNÉE COMPOSTELLE MALGRÉ MOI
(Immortal caminata, Compostela a pesar mio)

En el paisaje maravilloso de esta región, ...

… los recuerdos jacobeos y los lugares de culto adquieren también una fuerza particular. Pues Asturias es la región de los santuarios prerrománicos.


Algunas de estas iglesias están bien restauradas, como la que linda con el monasterio de Valdediós.

Otras están apenas cuidadas. Descubrí una en un pueblo, que parecía secularizada (San Salvador de Priesca). Pero al verme merodear alrededor del edificio, una viejecita me hizo seña …


… y me hizo visitar la iglesia.

La oscuridad en el interior es total … en el haz de luz de la mala lámpara que enarbola mi acompañante aparecían caras barbudas, trozos de vestidos, alas de águila o cuernos de toro.
Aunque yo sabía que su inspiración era la de los evangelios, estas figuras trazadas en ocre sobre una pared rugosa que parecía más bien pertenecer a una gruta que a una iglesia, daba la impresión de haber cumplido ya más de mil años.


Parecían más bien contemporáneas de estas lejanas épocas prehistóricas a las que pertenecían los hórreos.

En pocos kilómetros, Asturias ofrece el contraste sorprendente entre este cristianismo rústico, primitivo y pobre, y la pompa de los ricos monasterios.


En Valdediós, unos monjes sacados directamente de un cuadro de Zurbarán cantaban las vísperas en el estuche de oro de un altar barroco.

Comparado a la piedad ruda de la iglesia de campo, con su viejo cura y su hermana achacosa, este cuadro parecía pertenecer a otra religión.



La guía señalaba en dos líneas la existencia en este pueblo (Campiello) ...


... de una tienda llamada Casa Herminia. No decía más.

Al llegar tuve la sorpresa de descubrir una parada organizada especialmente en honor de los peregrinos. Esta intención no era evidente a primera vista. Había vieras en la fachada de la casa, pero esta referencia está a menudo destinada a los turistas más que a los verdaderos peregrinos. Al entrar en el establecimiento encontré la ropa de ocasión habitual de las tiendas de campo. A la derecha, el bar detrás del cual un patrón ceñudo secaba unos vasos. Al fondo un mostrador frigorífico que ofrecía diversas categorías de carnes y de quesos de los que se presentía que llevaban todos los nombres exóticos, desconocidos 20 kilómetros más lejos. Por fin, en las paredes y hasta el techo, una leonera de productos variados de la que emergían paquetes chillones de detergente, juguetes de plástico cubiertos de polvo, botellas de soda cuyo contenido era más que sospechoso.


Estos sombríos pensamientos se disiparon con la llegada de la mujer. Pequeña y fuerte, ...

... vestida con un vestido negro que cubría un delantal de cocina, la recién llegada emergía de sus fogones: por una puerta abierta, se podía oler un delicioso aroma que pasaba bajo la tapa de enormes potas de hierro blanco. Es quedarse corto decir que esta mujer destilaba autoridad. Desde su llegada, el patrón se evaporó, aspirando por la pared gris de la que él había cogido de repente el color. 
Ella plantó sobre mi dos ojos ibéricos que ningún tirador franquista habría podido bajar. 
- Usted quiere comer, me asentó. 
No había en su frase, no obstante dicha en español, ningún punto de interrogación, ni delante, ni detrás. Sin esperar reacción alguna por mi parte, ella continuó: 
- No está lista todavía, Siéntese. ¡Ahí! 
Muy debilitado por estas semanas de camino, me coloqué dócilmente en el lugar que ella me indicó señalando con el dedo. Ella volvió a la cocina y yo esperé. … 
La mesonera interrumpió, trayendo bien alto unos platos humeantes que depositó delante de nosotros. Al igual que los sitios, tampoco el menú lo dejó a nuestra discreción. No era cuestión de quejarse y, por otro lado, no teníamos ninguna gana.


Todo estaba delicioso.

Terminada la comida, la mujer pasó por las filas de mesas para que la felicitaran. Le rendimos un merecido homenaje. Se quedó con nosotros y nos abrió el corazón.



Confiamos en no tener que esperar demasiado tiempo para disfrutar de la traducción íntegra de ésta, aparentemente, interesante obra.

2 comentarios:

  1. Casa Herminia!!! Que de recuerdos...Comida y Atención de primera...Estuve en el albergue viejo y también el nuevo... Solo me quedan los recuerdos de gratos momentos y una taza, grandota, que llena de caldo me ayudo a bien dormir... Gracias a Dios que me encontré con tasa maravillosas gentes... Marco Antonio

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    1. Casa Herminia, creo que es el lugar soñado por todos como final de cada jornada de Camino ... simplemente servicio integral a l@s Peregrin@s.
      Un abrazo y gracias por seguirnos.

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