21 feb. 2017

"El milagro del Gallo y la Gallina"


De los numerosos milagros que se le adjudican al Santo nacido en Viloria de Rioja el año 1019, hay uno que destaca sobre el resto y le da a Domingo García reconocida fama dentro y fuera del mundo Jacobeo, amén de los innumerables trabajos de acondicionamiento y construcción de caminos y puentes, realizados por el Santo a lo largo de su dilatada vida para mejorar el Camino Francés.


Cuenta la leyenda que en el siglo XIV, un matrimonio alemán y su joven hijo de 18 años, Hugonell, se dirigían en peregrinación a Compostela. Al llegar a Santo Domingo se hospedaron en un mesón y la hija del posadero se enamora del joven, pero al no ser correspondida decide vengarse ocultando una copa de plata en el equipaje del joven. Cuando éste se disponía a abandonar la ciudad la muchacha denuncia el robo. Al ser capturado, se encuentra la copa entre sus pertenencias por lo que es acusado de robo y condenado a la horca.


Al día siguiente, sus padres, antes de emprender el viaje, van a ver el cuerpo de su hijo, quien sorprendentemente estaba vivo y les dice: “El bienaventurado Santo Domingo de la Calzada me ha conservado la vida contra el riguroso cordel… dad cuenta de este prodigio”.
Los padres acuden a contar el suceso al corregidor de la ciudad, pero éste, escéptico, comenta que el joven está tan vivo como el gallo y la gallina asados que se dispone a comer. Al instante las aves recuperan las plumas y la vida, dando fe del portentoso milagro. De esta leyenda nació el dicho popular: «En Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada».


Aunque se desconoce con exactitud desde que fecha se mantienen, un gallo y una gallina en el interior de la Catedral, ya existen referencias documentales del año 1350 en el que se hace mención a este hecho, datándose el actual gallinero en el siglo XV.


Se asegura que la Catedral de Santo Domingo, es el único templo de la cristiandad que alberga de manera permanente, animales vivos en su interior. Desde el año 1965 las aves blancas, como las que cantaron en el milagro, permanecen durante todo el año en el gallinero catedralicio, siendo relevadas cada quince días.


Pues hasta esa fecha solo permanecían en el gallinero desde el 25 de abril, día de la gaita y el tamboril, hasta el 13 de octubre, día en el que se celebra la romería que recuerda el milagro.

La flecha señala las marcas realizadas por los bordones, para "asustar" a las aves.

Hasta hace años, el gallinero no se encontraba protegido por el cristal que lo hace en la actualidad, por lo que los Peregrinos acostumbraban a "asustar" con su bordón a los animales con el fin de poder obtener alguna pluma de los mismos, ya que al igual que poder darles de comer, era un símbolo de protección y buena suerte para el resto de la peregrinación.

 

Los encargados de mantener viva esa tradición, junto a la de acoger a los peregrinos que recalan en el albergue que regentan, son los componentes de la Cofradía del Santo capitaneados por Antonio Rojas, hijo de Antonio Rojas Abeytua, principal impulsor y recuperador de la raza de las gallinas del milagro, que llegaron a encontrarse al borde de la extinción.

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