29 jun. 2018

"Sahagún"

Lugar: Sahagún   
Situación: Parroquia y municipio de Sahagún
Localización: Lat. 42º 22’ 19,12’’ N - Long. 5º 1’ 51,66’ W 
Etapa en la que se encuentra: Terradillos de los Templarios - Bercianos del Real Camino
Dista: 13,0 Kmts. desde Terradillos de los Templarios - 10,4 Kmts. hasta Bercianos del Real Camino
Altitud: 815 mts.
Camino: Francés
Provincia: León (Castilla y León)


Cuenta la leyenda que fue San Fagund (Facundo) el que dio el nombre a Sahagún en tiempos del emperador Diocleciano, cuando fue martirizado junto a su compañero Primitivo y unos discípulos recogieron sus cuerpos y fundaron una iglesia en su honor.


El templo dio origen a un monasterio que en la Edad Media llegó a alcanzar gran esplendor y riquezas, lo que le permitió recibir a un gran número de Peregrinos llegando a contar en el siglo XI con 60 camas. Aymeric Picaud, además de atribuir la fundación del monasterio a Carlomagno, describió a Sahagun como “ciudad llena de prosperidad” pues era uno de los lugares con más historia y animado de la sirga compostelana, ya que los Peregrinos convivían con las colonias de francos, judíos y árabes que en ella habitaban.


Los Peregrinos actuales aun pueden disfrutar de algunas muestras del esplendor de antaño a lo largo de su travesía por la villa sahagunense, el primero que sale al paso es la antigua iglesia de la Trinidad, hoy convertida en salón de conferencias y magnífico albergue. 


Templo de estilo neoclásico construido enteramente en ladrillo en los siglos XVI y XVII excepto la torre que corresponde a una edificación del siglo XIII. 


Se dice que la iglesia albergó las reliquias de San Juan de Sahagún, pues en ella se había bautizado, hasta la construcción del templo levantado en su honor a donde fueron trasladadas, situado al otro lado de la calle.


Edificio de estilo neoclásico colonial de una sola nave y crucero. El templo tiene cinco altares y se dice que el central se encuentra construido sobre la alcoba en la que nació el Santo, guardando así mismo las reliquias de los Santos Facundo y Primitivo. 


También merece ser mencionada una vieja casa de estilo tradicional, que se mantiene en pié frente a la entrada del albergue de Peregrinos, construida con entramados de madera y espacios rellenados con ladrillos de adobe a soga sobre postes verticales, estilo conocido como “a poste y carrera”. 


Pero gran parte del protagonismo de la travesía se lo lleva la antigua iglesia de San Tirso, edificio que se considera como el primer templo románico en el que se reemplaza la piedra por el ladrillo como material constructivo, dando origen al estilo denominado Románico – Mudéjar. Su construcción comienza en las primeras décadas del siglo XII, iniciándose en piedra para continuar en ladrillo apenas levantadas unas hiladas, de modo que las columnas pasaron de ser de piedra a ladrillo. 


Llama poderosamente la atención la portentosa torre que se levanta sobre el ábside principal, de planta rectangular con un primer cuerpo troncopiramidal y tres superiores con arquerías. En la actualidad el interior del templo, en el que llaman la atención los arcos triunfales en forma de herradura, se dedica a espacio museístico de arte sacro. 


Otro foco de atención es la parroquial de San Lorenzo, construida íntegramente en ladrillo durante la primera mitad del siglo XIII en el corazón de la antigua morería. 


Presenta las mismas características constructivas que la de San Tirso con planta basilical, cabecera tripartita con ábsides en forma de tambor y magnífica torre decreciente de cuatro pisos. 


Peor suerte corrió el antaño todopoderoso monasterio de San Benito, fundado en el siglo IX y del que únicamente se mantienen en pie algunos vestigios, que pese al estado de deterioro que presentan, permiten adivinar la grandeza del cenobio en la época de esplendor. 


En su origen se trataba de un edificio románico, sustituido en el siglo XIII por otro gótico del que se conservan algunos restos de la capilla de San Mancio del siglo XII, el muro mudéjar del lado norte, algunos capiteles, un ventanal del testero, la torre del reloj y el Arco de San Benito. 


Algunos autores creen que el Arco fue construido en el año 1662 para sustituir la portada románica original del monaterio, mientras otros defienden que era la entrada sur a la iglesia, en la actualidad luce a modo de arco triunfal bajo el que circula el tráfico rodado. Tiene dos fachadas distintas en las que llama la atención su riqueza decorativa, en la que se incluyen dos hornacinas con las imágenes de los santos Facundo y Primitivo. 


Antes de abandonar Sahagún merece la pena acercarse a una loma, al sur de la villa, sobre la que desde el año 1257 se levanta el santuario de la Peregrina. 


El templo que formó parte del desaparecido convento de los Franciscanos, sigue las pautas constructivas del románico mudéjar sahagunense, de nave única dividida en cinco tramos y crucero, con cinco capillas y un ábside semicircular en el interior y poligonal al exterior. 


El edificio debe su nombre a la imagen de la Virgen Peregrina (imagen de María vestida de Peregrina) patrona de la villa y del Camino de Madrid, que hasta el año 1835 fecha en la que se abandonó el templo, se veneraba en el mismo. En la actualidad comparte estancia entre el Monasterio de las Madres Benedictinas y su rehabilitada iglesia. 


Afortunadamente en el año 2010 finalizaron las obras de restauración del edificio, convirtiéndose en la sede del Centro de Documentación del Camino de Santiago, lugar en el que se entrega la “Carta Peregrina”, certificado de haber alcanzado el meridiano del Camino Francés. 

   

Los Peregrinos abandonan Sahagún salvando las aguas del río Cea sobre el Puente Canto, construcción de origen romano de cuya época no conserva nada, pues sobre el que hoy se transita se levantó en el siglo XVIII. 


Nada más atravesar el Cea los Peregrinos se encuentran con el popular “Campo de Lanzas”, que según cuenta la leyenda tiene su origen en un hecho acaecido en tiempos de Alfonso II y Carlomagno, cuando sus huestes velaban armas en espera de batalla contra los moros. 


Los cristianos clavaron sus lanzas en tierra y pasaron la noche rezando, para comprobar a la mañana siguiente como sus lanzas habían echado raíces y hojas formando un incipiente y extenso bosque.

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